La historia de la familia Borja —conocida internacionalmente como los Borgia— no puede entenderse sin su profundo arraigo en tierras valencianas. Mucho antes de convertirse en una de las dinastías más influyentes del Renacimiento europeo y de dominar la política vaticana, los Borja consolidaron su poder entre la Safor, la Costera y la Canal de Navarrés, dejando una huella que aún hoy marca el paisaje, el patrimonio y la identidad de numerosos municipios.
Xàtiva, cuna del linaje
El origen del linaje se sitúa en Xàtiva, donde nació Alfonso de Borja, futuro papa Calixto III. Xàtiva fue durante siglos un centro estratégico, político y cultural, y el ascenso de Alfonso al pontificado en 1455 supuso el inicio del despegue definitivo de la familia Borja.

Desde la ciudad setabense, el linaje tejió una red de influencias nobiliarias y eclesiásticas que se extendería por toda Europa. El castillo, las iglesias y el urbanismo de Xàtiva conservan aún el eco de aquella época en la que los Borja pasaron de ser nobles locales a actores centrales del poder continental.
Canals y la Torre dels Borja
Muy cerca de Xàtiva se encuentra Canals, donde destaca uno de los símbolos más antiguos del linaje: la Torre dels Borja, fortificación medieval vinculada directamente a la familia. En Canals nació Francisco de Borja, cuarto duque de Gandia y una de las figuras más singulares de la saga.
Su trayectoria resume bien la dualidad del apellido Borja: noble poderoso y, al mismo tiempo, referente espiritual. Francisco de Borja renunció a títulos y privilegios para ingresar en la Compañía de Jesús, fue canonizado y hoy es uno de los grandes santos valencianos.

Gandia, capital del poder ducal
Si Xàtiva fue el origen y Canals el símbolo medieval, Gandia se convirtió en el corazón político y económico de los Borja. En 1485, la familia obtuvo el Ducado de Gandia, transformando la ciudad en una auténtica capital ducal del Renacimiento valenciano.
El Palacio Ducal es el mejor testimonio de aquel esplendor. Desde allí, los Borja impulsaron reformas urbanas, mecenazgo cultural y desarrollo económico, además de una intensa relación con Roma durante el pontificado de Rodrigo de Borja, el célebre papa Alejandro VI.
La Colegiata de Santa María de Gandia, promovida por la familia, refuerza el vínculo entre poder político y religioso, una constante en la historia borgiana.
Un territorio marcado por los Borja
Más allá de estas tres localidades, la presencia borgiana se extiende por otras poblaciones de la Safor, la Costera y comarcas colindantes, donde poseyeron tierras, rentas y señoríos. Este entramado territorial permitió a la familia consolidar su hegemonía regional, controlar rutas económicas y proyectar su influencia hacia la Corte y el Vaticano.

Hoy, esta herencia se articula en iniciativas culturales como la Ruta dels Borja, que conecta municipios, monumentos y espacios históricos vinculados a la dinastía y que se ha convertido en un recurso turístico y divulgativo de primer orden.
Del mito negro a la historia
Durante siglos, el apellido Borgia estuvo rodeado de una leyenda negra alimentada por intrigas, excesos y rivalidades políticas. Sin embargo, en tierras valencianas la memoria del linaje se interpreta cada vez más desde una óptica histórica y patrimonial, como una familia que supo elevar un territorio periférico al centro del poder europeo.
Entre Gandia, Xàtiva, Canals y otras poblaciones cercanas, los Borja no son solo un capítulo del pasado, sino una seña de identidad que sigue viva en palacios, torres, iglesias y en la propia memoria colectiva de la Comunitat Valenciana.


